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   DCIVI Objetivos

 

El curso está orientado a impulsar el proceso de personalización y desarrollo moral de niños, adolescentes y jóvenes partiendo de los rasgos estructurales de las edades y de la naturaleza de los virtudes. Se utiliza como herramienta educativa las aportaciones que proporciona el cine, instrumento pedagógico irrenunciable en la actualidad. Reducir el cine a su dimensión de producto de entretenimiento es perderse gran parte de la potencia cultural que lleva dentro.

El curso consta de 4 unidades divididas en temas (virtudes) que se harán llegar al alumno en las fechas establecidas en el programa.

Objetivos Generales:

1) Profundizar en la dimensión educativa del cine.

2) Estudiar el sentido de la antropología como base de la ética educativa y aplicar la teoría a la práctica pedagógica.

3) Reflexionar sobre la naturaleza de las virtudes como perfeccionamiento libre y radical de la persona desde sí misma, y sobre la educación como formación de virtudes.

4) Proponer una distribución de virtudes teniendo en cuenta los rasgos estructurales de la edad y la naturaleza de cada virtud.

5) Dotar a los alumnos de destrezas que les permitan interpretar películas relacionándolas con cuestiones fundamentales del quehacer educativo.

Razonamiento de partida

La persona es rica y compleja, limitada e insaciable, autónoma y vinculada; ante ella se despliega la posibilidad de la excelencia o la degradación. Es, pero puede ser mejor con su obrar, e influir en el perfeccionamiento ajeno; pero, también puede provocar lo contrario.

La vida humana transcurre por un camino lleno de novedades, el modo de afrontarlas produce al héroe o al villano. Se nace con un gran potencial que desarrollamos con el ejercicio de la libertad. Gracias a ella hacemos elecciones y así vamos concretando la personalidad que se configura a lo largo de la vida.

Cuando las elecciones ayudan a la salud de la persona, la libertad se perfecciona. Si las elecciones perjudican a la persona, la libertad se deteriora. Al repetir una elección se establece un hábito.

En este sentido entendemos que la virtud es un hábito adquirido bueno. Hábito adquirido quiere decir un modo de conducirse que aparece poco a poco después de acostumbrarse a repetir las mismas respuestas. Y, precisamente, como es un hábito, la persona lo realiza con facilidad y constancia. Con la virtud se fortalece la salud física, psíquica y moral. Lo opuesto a la virtud es el vicio o hábito adquirido malo. Por la dimensión social del ser humano, con las virtudes se benefician los demás y con los vicios se perjudican.

Toda persona debe comprometerse con su propio desarrollo, esto incluye la dimensión interior -en la que nadie puede entrar si el interesado no lo permite- y la dimensión externa -donde se realizan los actos-. Juegan aquí un papel importante las motivaciones y el ejemplo.

En este terreno, la tarea del educador consiste en saberse guía para conseguir una adecuada estimulación de las facultades del educando, para que éste se halle dispuesto a asumir voluntariamente las motivaciones sugeridas y adoptar con espíritu libre y responsable el buen ejemplo de los demás. Todo ello facilita la adquisición de las virtudes.

   

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